Hay quien dice que Fitur ha perdido cierto «fuste» de unos años a esta parte. Reconozco que no tengo suficientes elementos de juicio; entre otras cosas, porque este tipo de ferias nunca han sido santo de mi devoción. Tengo, además, serias dudas de que los dispendios públicos que las instituciones hacen en este y otros eventos similares, sirvan realmente para captar turistas y promocionar la tierra. En estos tiempos que corren (pregunten a cualquier hostelero) el mejor escaparate del turismo, y sobre todo el rural, lo tienen los ciudadanos a golpe de ratón. Pero, ya digo: no soy ningún experto en la materia, y asumo que algo tendrá el agua festiva cuando todos la bendicen, y tanto.
Este año -creo que no es la primera vez- el Ayuntamiento de la capital ha acudido al Ifema con una revista bajo el brazo. El consistorio ha editado una cuidada publicación a todo color, y de carísimo papel, que ensalza las bondades de Guadalajara.
No entiendo su necesidad. Porque si hay algo que los medios de comunicación de esta provincia hacemos, con profusión, son suplementos en los que cantamos las maravillas que encierran nuestras ciudades, pueblos y paisajes. Y creo, sinceramente, que cualquier visitante de Fitur ligeramente interesado en conocer Guadalajara, tiene material más que suficiente con las páginas especiales que hemos sacado todas las cabeceras que por aquí moramos; que somos un cerro. Así que, la verdad, no veo la necesidad que tiene el Ayuntamiento de pagarse (mejor, de que le paguemos entre contribuyentes y anunciantes) su propia revista promocional. Claro que, a fuer de sinceros, también he de decir que, al menos, tiene más sentido hacer una revista para «vender» Guadalajara hacia fuera, que editar el bucólico panfleto que Alique nos buzonea trimestralmente, el «Tu Ciudad», donde lo que viene a decirnos el alcalde es lo encantado de la vida que está de haberse conocido.
Eso sí, como los políticos son como son, en la revista que han repartido en Fitur, junto a una serie de colaboraciones (algunas muy interesantes) nos encontramos, de entrada, con dos «gloriosas» entrevistas a Alique y a Badel. Una por barba. Ellos se preguntan, y ellos se responden. Y claro, quedan de cine. Qué afán de protagonismo. Se ve que nuestros regidores creen que sus caretos son dos de los principales atractivos turísticos de la ciudad. Y la verdad es que, a su lado, el Infantado, con sus goteras y humedades, tiene poco que hacer.
Claro, que en esta última Feria Internacional, el colmo de la inoportunidad lo ha protagonizado la oposición popular. Porque, vamos a ver: ¿qué necesidad tenía Antonio Román de citar a la prensa, el día dedicado a la provincia, para poner a caer de un burro la política turística del Equipo de Gobierno? ¿No podía haberlo hecho en casita, y una vez acabado el evento? Conste que comparto algunas de sus críticas (no todas). Pero me parece de una torpeza mayúscula, de una enorme deslealtad para con su ciudad, ir a torpedear la promoción de Guadalajara en el sitio y el día en el que nos estamos vendiendo al mundo.
He sido, y soy, muy crítico con la gestión que en esta ciudad hizo su compañero de partido, José María Bris, durante once largos años. Pero de una cosa estoy seguro: Al «abuelo» no se le hubiera ocurrido, ni por lo más remoto, hacer una cosa así. Lo mejor de Bris no era su capacidad de gestionar, sino su saber estar; su nobleza, y su innegable guadalajareñismo.
Román, en lugar de aprender de las mejores virtudes de Bris, prefiere tomar lecciones de los actuales gestores de su partido. El PP, instalado en la política del «cuanto peor, mejor», ha hecho de la crispación y la sacada de los pies del tiesto su actual modus vivendi. A nivel nacional, con esa política que busca la fractura social, y el encabronamiento generalizado. A nivel regional, con el «festival de charangas» que vienen protagonizando los populares a cuenta de la reforma electoral propuesta por Barreda para Guadalajara [ahora no, ahora sí; ahora dos, ahora ninguno; que entre ponte bien y estate quieta, se les va a acabar la noche electoral]. Y en lo local, ya digo, no iban a ser menos.
La cercanía de las elecciones está nublando demasiado la vista y la razón; a todos. l
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UNA FIESTA "DE PELOTAS".- Esto de las fiestas de Santa Águeda cada vez es más rancio. Y cada año tiene menos «interés», es menos «turístico», e incluso, últimamente, tampoco es que sea muy «provincial». Hace tiempo que las mujeres pueden mandar, aunque lo cierto es que siguen estando por detrás de los hombres en todas las esferas de poder e influencia. Por ello, sigue teniendo sentido la reivindicación de un papel más preponderante. Como también tiene su gracia el aspecto lúdico (el de la hermandad entre vecinas). Y sobre todo, el del mantenimiento de las tradiciones. Pero todo eso se va al traste cuando en los pueblos con tradición de «águedas» se dedican a homenajear a las políticas del partido en el poder. Ahora son las socialistas, como antes fueron las populares. Da igual: es todo un acto de pleitesía y servidumbre, de peloteo, en suma, que dice poco de las organizadoras. Porque una cosa es alabar, puntualmente, a una política destacada que ha hecho algo sustancial por las mujeres del pueblo, y otra repetir esquema año tras año. Huele.
Seguro de que en la comarca hay decenas, cientos de mujeres, luchadoras en distintos ámbitos, que merecen más reconocimiento: Mujeres que han trabajado en el campo, empresarias rurales que han sacado adelante a su familia, viudas que han luchado contra la adversidad, jubiladas que mantienen vivo el fuego y el pueblo... Pero si queda mal lo de hacer la rosca a las políticas, aún es peor convertir en protagonistas a las «mujeres de», como han hecho este año en Espinosa, o antes hicieron en Cogolludo. Nombrar «alcaldesa de honor» a la esposa del presidente de la Junta recuerda a cuando se nombraba reina de las fiestas a cualquier «bella hija» de ministro franquista de turno. Con la salvedad de que el «régimen», por mucho que diga Cospedal, es muy otro. ¿O no tanto?
El caso es que las organizadoras ni disimulan: En la convocatoria a los medios mandada desde Espinosa, anunciaban el nombramiento de alcaldesa honor a «la mujer de José María Barreda», sin siquiera recordar el cargo político que ella misma ocupa. También decían que estaba «invitada la mujer de Ángel Padrino», sin mencionar ni su nombre. Tiene bemoles que lo que era una fiesta de mujeres, acabe convirtiéndose en una fiesta «de pelotas». Pero, en fin, las organizadoras sabrán lo que quieren hacer con su tradición.
PD.- Y conste que hago este apunte a sugerencia de una mujer: la mía, que también manda lo suyo. l

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