La llegada de Dolores de Cospedal a la política regional fue la principal novedad de un 2006 con aires pre electorales
El año 2006 ha transcurrido con la mirada cada vez más orientada hacia las Elecciones municipales y autonómicas del próximo 27 de mayo. Los partidos han movido ficha, y sin duda, el que más novedades ha aportado a la escena política ha sido el PP regional, que a lo largo de este año terminó de deshojar la margarita de su liderazgo, nombrando candidata a la Presidencia de la Junta, y presidenta del partido, a una joven política emergente, que llegó «importada» desde el Ejecutivo madrileño, y que fue parachutada por Esperanza Aguirre y Ángel Acebes. Tiene orígenes albaceteños, y se llama Dolores de Cospedal. Es el enésimo rival con el que la derecha intenta doblegar la hegemonía socialista en una región en la que el PSOE ha ganado siempre las elecciones autonómicas. Mientras, en el seno socialista, la labor a acometer ha sido la de consolidar el liderazgo de José María Barreda, que tiene ante sí el difícil reto de emular a su mentor, José Bono. Las encuestas dicen que es claro favorito, pero también vaticinan que sus resultados pueden quedar lejos de los de su «maestro». O sea: que Barreda ha encontrado un rival.
La aparición en la escena regional de Dolores de Cospedal fue la principal noticia política del año que culmina. El PP ha encontrado en esta joven albaceteña a su último «mirlo blanco». Sin embargo, el proceso hasta su designación no fue precisamente fácil. Más bien pareció un parto. Todo comenzó en enero, cuando el anterior presidente del partido y alcalde de Toledo, José Manuel Molina, empezó a dar «síntomas de mansedumbre», como los toros que se rajan a media faena. Molina no cumplió con el compromiso al que había llegado tácitamente con Rajoy, y empezó a descolgarse de la responsabilidad de liderar el cartel electoral del PP, compromiso al que había llegado tras el fracaso de Suárez Illana en 2003. Finalmente, alegando «razones personales», Molina presentó su renuncia formal, y el partido conservador tuvo que iniciar la búsqueda de un nuevo candidato. Eso sí: fue un proceso «a la manera del PP». Esto es, a dedo, y con una candidata impuesta desde Génova.
A lo largo de la primavera, varios fueron los nombres que se barajaron para liderar al partido. Los manchegos Rosa Romero o Pedro Barato, el joven diputado toledano Alejandro Ballestero, o el diputado por Guadalajara Iñaki Echániz, estuvieron en el candelero. Estos dos últimos fueron quienes protagonizaron la pugna final más reñida por encabezar el cartel; un «duelo» al que Echániz llegó desde las páginas de esta revista. Fue en EL DECANO del 24 de marzo donde el navarro-alcarreño se descolgó, en exclusiva, con una entrevista en la que afirmaba estar dispuesto a asumir la responsabilidad de ser candidato a la Presidencia de la Junta.
Por cierto: que en el medio de todo el asunto, el PSOE no tuvo reparos en decantarse, sin ambages, por el toledano Ballestero, que también era el candidato de Molina. Los socialistas veían en Ballestero al rival ideal, del que poder airear todo su pasado «rosa» y del colorín. Lo cierto es que el toledano movió todas las fichas que pudo, y no fueron pocas, por lograr su nominación, forzando incluso el apoyo tácito de la Ejecutiva de su partido. Pero al final, ni Echániz ni Ballestero. Acebes y Esperanza Aguirre impusieron su criterio, y colocaron en cartel a De Cospedal, quien fue oficialmente elegida a finales de mayo, para posteriormente asumir la Presidencia del PP regional.
Desde su nombramiento, Cospedal ha dejado impronta de un fuerte carácter. Se ha mostrado como una política curtida, que ha asumido bien el liderazgo. El PP, por primera vez en los últimos 12 años, da síntomas de poder, al menos, plantar batalla a la hegemonía socialista. La nueva líder popular está basando su estrategia en una idea-fuerza: la de «desmontar un régimen», que es como califica al poder casi absoluto que el PSOE viene ejerciendo en la región desde su fundación.
Eso sí: la señora Cospedal también ha tenido tiempo para protagonizar importantes meteduras de pata. Todavía no han sido tan sonadas como las del «torero Suárez», pero sí han tenido bastante calado. Su principal borrón fueron unas declaraciones efectuadas en «Onda Cero», en septiembre, en las que dijo que la gente de los pueblos votaba más al PSOE porque no tenía al alcance la cultura y la información que hay en las ciudades. A la Cospedal le cayó «la del pulpo», como era de esperar.
También en el PP cabe destacar a otra figura que ha «emergido» a lo largo de este año. Se trata de Ana Cristina Guarinos. La molinesa, diputada regional por Guadalajara, ha ganado un importante peso específico en la estructura regional del partido desde la llegada de Cospedal a la Presidencia. Y de hecho, en julio se convirtió en la portavoz del Grupo Popular en las Cortes Regionales. Guarinos se ha demostrado como una buena parlamentaria, algo que ha sido también valorado por la prensa de Toledo, sobre todo tras sus intervenciones en el «Debate Sobre el Estado de la Región», que se celebró en octubre.
Tras la estela de Bono
En el PSOE, y también en clave autonómica, cabe destacar que José María Barreda cumplió en mayo sus dos primeros años al frente del Ejecutivo regional. Barreda llegó a la presidencia de Castilla-La Mancha tras el nombramiento de Bono como ministro, en mayo de 2004. Durante este 2006, el líder socialista ha seguido trabajando para darse a conocer, multiplicando sus apariciones públicas. De hecho, se ha prodigado muchísimo en Guadalajara, una provincia donde ha dado conferencias, inaugurado infraestructuras, visitado empresas, y viajado a entornos naturales. Amén de su labor al frente del Ejecutivo, la tarea «política» desarrollada por Barreda a lo largo del año ha sido nítida: Trata de conservar al máximo los inmensos apoyos que recibía su antecesor, José Bono, al que le apoyaba la izquierda castellanomanchega, y también buena parte de los votantes habituales del PP.
Barreda tiene a favor las encuestas, que siguen diciendo que su partido es, de largo, favorito a la victoria. Pero lo cierto es que, desde la llegada de Cospedal al PP, las diferencias, según varios muestreos, se han reducido mucho. Y muy especialmente en nuestra provincia. La situación aventura para 2007 la disputa de las elecciones regionales más «jugosas» desde el lejano 1995.
Valerio, Calvo y Padrino
En Guadalajara, el PSOE regional se ha apoyado muchísimo en la popular figura de Magdalena Valerio, la consejera de Trabajo. La Valerio ha acudido a lo largo del año a cuantos actos ha podido que se hayan celebrado en nuestra provincia. Sean, o no sean (la mayoría de las veces) de su negociado. Un contaste claro con la otra voz alcarreña del Consejo de Gobierno, la de Blanca Calvo. La consejera de Cultura ha medido más sus apariciones, y su papel político ha sido más discreto. Eso sí, Calvo también tuvo su «momento de gloria» este año, cuando, en marzo, se desmarcó de su propio presidente y de sus colegas de Gabinete, al acudir a una representación teatral de Leo Bassi ofrecida en Toledo. Una obra para la que el Gobierno Regional había decidido retirar una subvención, debido a las presiones de la (cada vez más cercana a Barreda) Iglesia católica. La situación, que fue tensa por momentos, se le escapó de las manos a Blanca Calvo, que presa de la tensión, se permitió «imponer» a varios periodistas qué debían o no preguntarle en una comparecencia pública. Tuvo que pedir disculpas.
En cuanto a nombramientos y relevos, especial trascendencia tuvo la inesperada sustitución del delegado de la Junta de Comunidades en Guadalajara. Así, en el mes mayo Barreda destituyó a Fernando Marchán, y nombró en su puesto a Ángel Padrino. La maniobra fue leída en clave electoral, ya que el presidente estaba cambiando a alguien de un perfil gestor y muy diplomático, por una figura como la de Padrino, de corte mucho más político.
Acabando el año, pero también en clave regional, cabe destacar que, poco después del Debate sobre el Estado de la Región, se anunció el acuerdo alcanzado entre PSOE y PP para la reforma consensuada del Estatuto de Autonomía. El PSOE buscó el acuerdo, a pesar de que su aplastante mayoría cameral, que alcanza los 3/5 de las Cortes Regionales, le permitía elaborar el texto en solitario. Pero Barreda no lo quiso así. Y ya veremos si no fue algo con más trasfondo que el puramente «formal», ya que todo parece indicar que la reforma no se llevará a cabo hasta la próxima legislatura, tanto regional como nacional, debido al «tapón de estatutos» que hay en estos momentos en el Congreso de los Diputados. En cualquier caso, y muy ligado al pacto estatutario, hay que decir que el acuerdo en materia de agua, con la inclusión en el futuro estatuto de la cancelación del Trasvase Tajo-Segura, fue el pacto de mayor calado político de este 2006.
En cuanto al arco extraparlamentario regional, hay que hablar de Izquierda Unida. La formación desarrolló a lo largo de este año una interesante campaña (pero ineficaz, por desoída), con la que solicitaba la reforma de la Ley electoral regional: «Tenemos votos, tenemos que tener voz», fue el eslogan elegido por una coalición que sigue peleando contra una norma que aboca al parlamento autonómico al bipartidismo. También en IU, la lucha del alcalde de Seseña contra las «artes» del constructor Francisco Hernando, «El Pocero», fue otro de los leif motiv de su política regional. El caso está en manos de la Fiscalía Anticorrupción, y está salpicando a populares y socialistas. Especialmente nervioso se ha visto, en este punto, al consejero de Vivienda, Alejandro Gil.
Política local
En la política más cercana, la local, este 2006 acaba con la confirmación de que los candidatos a la Alcaldía de la capital en las próximas Municipales serán los mismos que ya concurrieron en 2003. El más madrugador fue Jordi Badel, de IU, que superó en mayo, por los pelos (un voto), el plebiscito interno que en su organización le obligaba a obtener un 60 por ciento de apoyos para ser candidato por tercera vez. Luego, y como siempre, la división en el seno de IU hizo que se presentaran dos listas, en la que se repitieron los apoyos a Badel en cifras similares a las del plebiscito. Su proclamación llegó en julio.
A finales de ese mismo mes de julio, el PP confirmó también que Antonio Román sería de nuevo candidato a la Alcaldía de Guadalajara. El proceso se llevó sin oposición.
Tampoco se visualizó problema alguno en la proclamación «formal» de Jesús Alique como candidato del PSOE. Y aunque lo de Alique no pasaba de ser un mero formulismo, la suya fue la confirmación más tardía: no llegó hasta el mes de noviembre.
En la provincia, no ha sido hasta las últimas semanas del año cuando han empezado a confirmarse algunos nombres de candidatos en los pueblos. IU sí presentó a los suyos en el mes de noviembre. Pero en el PSOE y el PP todavía hay muchísimas dudas por despejar. Sobre todo en el partido conservador, donde las deserciones de militantes en algunos pueblos, controlados por el expulsado sector de Jesús Ortega, obligarán a complicadas recomposiciones de listas electorales. Por cierto, y hablando de Ortega: La fuerza de él y los suyos parece haberse diluido como un azucarillo. Aquel proyecto de crear un partido municipalista no parece haber fraguado.
Mientras, en el PSOE también han surgido algunas voces críticas con Alique en pueblos de la provincia. Como la de Sánchez Lara, en Fontanar, que aseguraba en octubre que el partido estaba coartando la voz y las alas de un sector de alcaldes socialistas disconformes con la línea mayoritaria. En el trasfondo, es innegable, está la diferencia de criterios políticos que siguen manteniendo el alcalde Alique, y el presidente de la Diputación, José Carlos Moratilla. Otras crisis municipales acaecieron en Cifuentes (donde el PSOE tiene un problemático concejal que se mete en líos cada dos por tres); o en Molina, donde se rompió el pacto de Gobierno PSOE-IU.
Pero volviendo a la capital, cabe resumir el año 2006 como un tiempo en el que las tensiones políticas entre PSOE y PP se incrementaron de modo exponencial. Los populares apretaron el acelerador de la crítica. Mientras, los socialistas aprovecharon el año para seguir presentando proyectos e inaugurando algunas obras e infraestructuras.
El PP, en su labor de oposición, ha abierto muchos frentes, con serias acusaciones de supuestas ilegalidades. Así, los de Román han denunciado a lo largo de este año multitud de actuaciones del Equipo de Gobierno de Alique, destacando, entre otras, el gasto en propaganda del Ayuntamiento, adjudicaciones como las del Puente árabe, la promoción municipal de viviendas, o el Barranco del Alamín. Además, en los últimos días del año los populares arriacenses se «subieron al carro» de la denuncia lanzada por el diario «El Mundo», según la cual la constructora «Gestesa» habría vendido un piso a Alique en Madrid, a un precio inferior al de mercado, a cambio de permitir ciertas irregularidades en una promoción de la plaza Mayor.
Alique ha contestado a todas las acusaciones. Pero el caso, que todavía está flotando en el aire, se aventura como una de las grandes bazas electorales de un PP que ha comenzado a meter mucho, muchísimo ruido. Y para muestra, su último folleto de propaganda, en el que, imitando el diseño del «bucólico» boletín municipal que edita el Ayuntamiento, se denuncia el estado de decenas de situaciones de la capital.
Año de memoria histórica
En el plano más puramente político, y menos personalista, también se recordará a 2006 como un año en el que Guadalajara recordó, como toda España, su «memoria histórica». Se destaparon tumbas de represaliados por la dictadura, en un bando; y se recordó los asesinatos de la cárcel de Guadalajara de 1936, desde el otro. Y entre medias, hubo tiempo para recordar, de modo menos visceral, que el 14 de abril se conmemoró el 75 aniversario de la proclamación de la República; o que el 18 de julio se cumplieron 70 años del golpe de Estado que dio Franco y supuso el inicio de la Guerra Civil en España.
Finalmente, no podemos acabar este resumen sin citar, siquiera de pasada, a la Guardia Civil. La «benemérita» vivió un año convulso en lo político. El anterior jefe de la Comandancia instruyó varios expedientes a miembros de la Asociación Unificada de la Guardia Civil, que trataron de ejercer su derecho a la libertad de expresión. El conflicto vivió momentos muy tensos. Pero últimamente ha llegado un tiempo más calmado, después de que el teniente coronel Bachiller diera paso a un nuevo jefe, que se incorporó tras el verano. l
El año 2006 ha transcurrido con la mirada cada vez más orientada hacia las Elecciones municipales y autonómicas del próximo 27 de mayo. Los partidos han movido ficha, y sin duda, el que más novedades ha aportado a la escena política ha sido el PP regional, que a lo largo de este año terminó de deshojar la margarita de su liderazgo, nombrando candidata a la Presidencia de la Junta, y presidenta del partido, a una joven política emergente, que llegó «importada» desde el Ejecutivo madrileño, y que fue parachutada por Esperanza Aguirre y Ángel Acebes. Tiene orígenes albaceteños, y se llama Dolores de Cospedal. Es el enésimo rival con el que la derecha intenta doblegar la hegemonía socialista en una región en la que el PSOE ha ganado siempre las elecciones autonómicas. Mientras, en el seno socialista, la labor a acometer ha sido la de consolidar el liderazgo de José María Barreda, que tiene ante sí el difícil reto de emular a su mentor, José Bono. Las encuestas dicen que es claro favorito, pero también vaticinan que sus resultados pueden quedar lejos de los de su «maestro». O sea: que Barreda ha encontrado un rival.
La aparición en la escena regional de Dolores de Cospedal fue la principal noticia política del año que culmina. El PP ha encontrado en esta joven albaceteña a su último «mirlo blanco». Sin embargo, el proceso hasta su designación no fue precisamente fácil. Más bien pareció un parto. Todo comenzó en enero, cuando el anterior presidente del partido y alcalde de Toledo, José Manuel Molina, empezó a dar «síntomas de mansedumbre», como los toros que se rajan a media faena. Molina no cumplió con el compromiso al que había llegado tácitamente con Rajoy, y empezó a descolgarse de la responsabilidad de liderar el cartel electoral del PP, compromiso al que había llegado tras el fracaso de Suárez Illana en 2003. Finalmente, alegando «razones personales», Molina presentó su renuncia formal, y el partido conservador tuvo que iniciar la búsqueda de un nuevo candidato. Eso sí: fue un proceso «a la manera del PP». Esto es, a dedo, y con una candidata impuesta desde Génova.
A lo largo de la primavera, varios fueron los nombres que se barajaron para liderar al partido. Los manchegos Rosa Romero o Pedro Barato, el joven diputado toledano Alejandro Ballestero, o el diputado por Guadalajara Iñaki Echániz, estuvieron en el candelero. Estos dos últimos fueron quienes protagonizaron la pugna final más reñida por encabezar el cartel; un «duelo» al que Echániz llegó desde las páginas de esta revista. Fue en EL DECANO del 24 de marzo donde el navarro-alcarreño se descolgó, en exclusiva, con una entrevista en la que afirmaba estar dispuesto a asumir la responsabilidad de ser candidato a la Presidencia de la Junta.
Por cierto: que en el medio de todo el asunto, el PSOE no tuvo reparos en decantarse, sin ambages, por el toledano Ballestero, que también era el candidato de Molina. Los socialistas veían en Ballestero al rival ideal, del que poder airear todo su pasado «rosa» y del colorín. Lo cierto es que el toledano movió todas las fichas que pudo, y no fueron pocas, por lograr su nominación, forzando incluso el apoyo tácito de la Ejecutiva de su partido. Pero al final, ni Echániz ni Ballestero. Acebes y Esperanza Aguirre impusieron su criterio, y colocaron en cartel a De Cospedal, quien fue oficialmente elegida a finales de mayo, para posteriormente asumir la Presidencia del PP regional.
Desde su nombramiento, Cospedal ha dejado impronta de un fuerte carácter. Se ha mostrado como una política curtida, que ha asumido bien el liderazgo. El PP, por primera vez en los últimos 12 años, da síntomas de poder, al menos, plantar batalla a la hegemonía socialista. La nueva líder popular está basando su estrategia en una idea-fuerza: la de «desmontar un régimen», que es como califica al poder casi absoluto que el PSOE viene ejerciendo en la región desde su fundación.
Eso sí: la señora Cospedal también ha tenido tiempo para protagonizar importantes meteduras de pata. Todavía no han sido tan sonadas como las del «torero Suárez», pero sí han tenido bastante calado. Su principal borrón fueron unas declaraciones efectuadas en «Onda Cero», en septiembre, en las que dijo que la gente de los pueblos votaba más al PSOE porque no tenía al alcance la cultura y la información que hay en las ciudades. A la Cospedal le cayó «la del pulpo», como era de esperar.
También en el PP cabe destacar a otra figura que ha «emergido» a lo largo de este año. Se trata de Ana Cristina Guarinos. La molinesa, diputada regional por Guadalajara, ha ganado un importante peso específico en la estructura regional del partido desde la llegada de Cospedal a la Presidencia. Y de hecho, en julio se convirtió en la portavoz del Grupo Popular en las Cortes Regionales. Guarinos se ha demostrado como una buena parlamentaria, algo que ha sido también valorado por la prensa de Toledo, sobre todo tras sus intervenciones en el «Debate Sobre el Estado de la Región», que se celebró en octubre.
Tras la estela de Bono
En el PSOE, y también en clave autonómica, cabe destacar que José María Barreda cumplió en mayo sus dos primeros años al frente del Ejecutivo regional. Barreda llegó a la presidencia de Castilla-La Mancha tras el nombramiento de Bono como ministro, en mayo de 2004. Durante este 2006, el líder socialista ha seguido trabajando para darse a conocer, multiplicando sus apariciones públicas. De hecho, se ha prodigado muchísimo en Guadalajara, una provincia donde ha dado conferencias, inaugurado infraestructuras, visitado empresas, y viajado a entornos naturales. Amén de su labor al frente del Ejecutivo, la tarea «política» desarrollada por Barreda a lo largo del año ha sido nítida: Trata de conservar al máximo los inmensos apoyos que recibía su antecesor, José Bono, al que le apoyaba la izquierda castellanomanchega, y también buena parte de los votantes habituales del PP.
Barreda tiene a favor las encuestas, que siguen diciendo que su partido es, de largo, favorito a la victoria. Pero lo cierto es que, desde la llegada de Cospedal al PP, las diferencias, según varios muestreos, se han reducido mucho. Y muy especialmente en nuestra provincia. La situación aventura para 2007 la disputa de las elecciones regionales más «jugosas» desde el lejano 1995.
Valerio, Calvo y Padrino
En Guadalajara, el PSOE regional se ha apoyado muchísimo en la popular figura de Magdalena Valerio, la consejera de Trabajo. La Valerio ha acudido a lo largo del año a cuantos actos ha podido que se hayan celebrado en nuestra provincia. Sean, o no sean (la mayoría de las veces) de su negociado. Un contaste claro con la otra voz alcarreña del Consejo de Gobierno, la de Blanca Calvo. La consejera de Cultura ha medido más sus apariciones, y su papel político ha sido más discreto. Eso sí, Calvo también tuvo su «momento de gloria» este año, cuando, en marzo, se desmarcó de su propio presidente y de sus colegas de Gabinete, al acudir a una representación teatral de Leo Bassi ofrecida en Toledo. Una obra para la que el Gobierno Regional había decidido retirar una subvención, debido a las presiones de la (cada vez más cercana a Barreda) Iglesia católica. La situación, que fue tensa por momentos, se le escapó de las manos a Blanca Calvo, que presa de la tensión, se permitió «imponer» a varios periodistas qué debían o no preguntarle en una comparecencia pública. Tuvo que pedir disculpas.
En cuanto a nombramientos y relevos, especial trascendencia tuvo la inesperada sustitución del delegado de la Junta de Comunidades en Guadalajara. Así, en el mes mayo Barreda destituyó a Fernando Marchán, y nombró en su puesto a Ángel Padrino. La maniobra fue leída en clave electoral, ya que el presidente estaba cambiando a alguien de un perfil gestor y muy diplomático, por una figura como la de Padrino, de corte mucho más político.
Acabando el año, pero también en clave regional, cabe destacar que, poco después del Debate sobre el Estado de la Región, se anunció el acuerdo alcanzado entre PSOE y PP para la reforma consensuada del Estatuto de Autonomía. El PSOE buscó el acuerdo, a pesar de que su aplastante mayoría cameral, que alcanza los 3/5 de las Cortes Regionales, le permitía elaborar el texto en solitario. Pero Barreda no lo quiso así. Y ya veremos si no fue algo con más trasfondo que el puramente «formal», ya que todo parece indicar que la reforma no se llevará a cabo hasta la próxima legislatura, tanto regional como nacional, debido al «tapón de estatutos» que hay en estos momentos en el Congreso de los Diputados. En cualquier caso, y muy ligado al pacto estatutario, hay que decir que el acuerdo en materia de agua, con la inclusión en el futuro estatuto de la cancelación del Trasvase Tajo-Segura, fue el pacto de mayor calado político de este 2006.
En cuanto al arco extraparlamentario regional, hay que hablar de Izquierda Unida. La formación desarrolló a lo largo de este año una interesante campaña (pero ineficaz, por desoída), con la que solicitaba la reforma de la Ley electoral regional: «Tenemos votos, tenemos que tener voz», fue el eslogan elegido por una coalición que sigue peleando contra una norma que aboca al parlamento autonómico al bipartidismo. También en IU, la lucha del alcalde de Seseña contra las «artes» del constructor Francisco Hernando, «El Pocero», fue otro de los leif motiv de su política regional. El caso está en manos de la Fiscalía Anticorrupción, y está salpicando a populares y socialistas. Especialmente nervioso se ha visto, en este punto, al consejero de Vivienda, Alejandro Gil.
Política local
En la política más cercana, la local, este 2006 acaba con la confirmación de que los candidatos a la Alcaldía de la capital en las próximas Municipales serán los mismos que ya concurrieron en 2003. El más madrugador fue Jordi Badel, de IU, que superó en mayo, por los pelos (un voto), el plebiscito interno que en su organización le obligaba a obtener un 60 por ciento de apoyos para ser candidato por tercera vez. Luego, y como siempre, la división en el seno de IU hizo que se presentaran dos listas, en la que se repitieron los apoyos a Badel en cifras similares a las del plebiscito. Su proclamación llegó en julio.
A finales de ese mismo mes de julio, el PP confirmó también que Antonio Román sería de nuevo candidato a la Alcaldía de Guadalajara. El proceso se llevó sin oposición.
Tampoco se visualizó problema alguno en la proclamación «formal» de Jesús Alique como candidato del PSOE. Y aunque lo de Alique no pasaba de ser un mero formulismo, la suya fue la confirmación más tardía: no llegó hasta el mes de noviembre.
En la provincia, no ha sido hasta las últimas semanas del año cuando han empezado a confirmarse algunos nombres de candidatos en los pueblos. IU sí presentó a los suyos en el mes de noviembre. Pero en el PSOE y el PP todavía hay muchísimas dudas por despejar. Sobre todo en el partido conservador, donde las deserciones de militantes en algunos pueblos, controlados por el expulsado sector de Jesús Ortega, obligarán a complicadas recomposiciones de listas electorales. Por cierto, y hablando de Ortega: La fuerza de él y los suyos parece haberse diluido como un azucarillo. Aquel proyecto de crear un partido municipalista no parece haber fraguado.
Mientras, en el PSOE también han surgido algunas voces críticas con Alique en pueblos de la provincia. Como la de Sánchez Lara, en Fontanar, que aseguraba en octubre que el partido estaba coartando la voz y las alas de un sector de alcaldes socialistas disconformes con la línea mayoritaria. En el trasfondo, es innegable, está la diferencia de criterios políticos que siguen manteniendo el alcalde Alique, y el presidente de la Diputación, José Carlos Moratilla. Otras crisis municipales acaecieron en Cifuentes (donde el PSOE tiene un problemático concejal que se mete en líos cada dos por tres); o en Molina, donde se rompió el pacto de Gobierno PSOE-IU.
Pero volviendo a la capital, cabe resumir el año 2006 como un tiempo en el que las tensiones políticas entre PSOE y PP se incrementaron de modo exponencial. Los populares apretaron el acelerador de la crítica. Mientras, los socialistas aprovecharon el año para seguir presentando proyectos e inaugurando algunas obras e infraestructuras.
El PP, en su labor de oposición, ha abierto muchos frentes, con serias acusaciones de supuestas ilegalidades. Así, los de Román han denunciado a lo largo de este año multitud de actuaciones del Equipo de Gobierno de Alique, destacando, entre otras, el gasto en propaganda del Ayuntamiento, adjudicaciones como las del Puente árabe, la promoción municipal de viviendas, o el Barranco del Alamín. Además, en los últimos días del año los populares arriacenses se «subieron al carro» de la denuncia lanzada por el diario «El Mundo», según la cual la constructora «Gestesa» habría vendido un piso a Alique en Madrid, a un precio inferior al de mercado, a cambio de permitir ciertas irregularidades en una promoción de la plaza Mayor.
Alique ha contestado a todas las acusaciones. Pero el caso, que todavía está flotando en el aire, se aventura como una de las grandes bazas electorales de un PP que ha comenzado a meter mucho, muchísimo ruido. Y para muestra, su último folleto de propaganda, en el que, imitando el diseño del «bucólico» boletín municipal que edita el Ayuntamiento, se denuncia el estado de decenas de situaciones de la capital.
Año de memoria histórica
En el plano más puramente político, y menos personalista, también se recordará a 2006 como un año en el que Guadalajara recordó, como toda España, su «memoria histórica». Se destaparon tumbas de represaliados por la dictadura, en un bando; y se recordó los asesinatos de la cárcel de Guadalajara de 1936, desde el otro. Y entre medias, hubo tiempo para recordar, de modo menos visceral, que el 14 de abril se conmemoró el 75 aniversario de la proclamación de la República; o que el 18 de julio se cumplieron 70 años del golpe de Estado que dio Franco y supuso el inicio de la Guerra Civil en España.
Finalmente, no podemos acabar este resumen sin citar, siquiera de pasada, a la Guardia Civil. La «benemérita» vivió un año convulso en lo político. El anterior jefe de la Comandancia instruyó varios expedientes a miembros de la Asociación Unificada de la Guardia Civil, que trataron de ejercer su derecho a la libertad de expresión. El conflicto vivió momentos muy tensos. Pero últimamente ha llegado un tiempo más calmado, después de que el teniente coronel Bachiller diera paso a un nuevo jefe, que se incorporó tras el verano. l

1 comentarios:
Coincidoen la mayor parte de su análisis, señor uevas. Pero con un matiz: Yo creo que el "efecto Cospedal" ha pasado a mejor vida. Empezó con fuerza, pero se ha estancado en repetir la misma cantinela una y otra vez. ¿Alguien conoce alguna propuesta concreta de esta señora?
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